CAPITULO 7
Esperaba sentado en la mesa a que el apareciera, en la tensa espera mi mente se preguntaba, que quiso decir con lo de mi legado? porque espereba mi regreso?. Mi cabeza estaba repleta de dudas, tenia tantas preguntas, las cuales no sabia si seria capaz de hacerle. Entonces para que habia venido? tenia que armarme de valor cuando estuviera frente a el, cara a cara. Donde estaba toda la fuerza desplegada la noche anterior?, ayer era un monstruo y hoy, que soy hoy?.
Un portazo acabo con el silencio, poco a poco su figura se fue creando por el pasillo que unia el salon con la cocina, siguio caminando hasta situarse a un metro de mi, me levante encogido y con la mirada clavada en mi, una sonrisa en los labios y una expresion de amabilidad que nunca antes tuvo conmigo, me ofrecio su mano al tiempo que unas palabras surgieron de su boca:
-Hola hijo, como te encuentras?
Sorprendido por una pregunta tan simple, pero a la vez tan desconocida para mi, no pude emitir sonido alguno. Rompi mi petrificada actitud y le estreche la mano sin fuerza, con la otra me invito a volver a sentarme a la mesa. Mientras me acomodaba podia sentir, que sus gestos hacia mi habian cambiado, ya no eran tan duros y humillantes, me trataba como si le importase, como si ya no fuera aquel niño del que no sentia ningun orgullo y al que tanto reprocho no ser merecedor de su apellido. Despues de eso mi seguridad iba aumentando, le mire alos ojos y le conteste:
-Bien, o eso creo. Y usted padre?
-Satisfecho hijo, ya eres digno de tu nombre.
-Digno?, me atrevi a contestarle.
-Tranquilo, durante la cena todo quedara aclarado. Dijo con gran seguridad.
Guarde silencio, obediente como siempre lo habia sido.
Desaparecio nuevamente y se dirijio a la cocina, al cabo de unos segundos aparecio con una gran bandeja de carne, con dos suculentos trozos. Sirvio uno en cada plato, y se sento.
Introduje el tenedor en la carne y corte un buen trozo con el cuchillo, lo acerque a la boca lentamente mientras el me miraba expectante, tenia la mirada de un chiquillo cuando abre los regalos la mañana de navidad.
No podia ser, ese sabor, esa sensacion, ese ardor en la garganta. Aquella carne era como la de mi noche anterior, lo mire asombrado y el rio al tiempo que saboreaba la carne. Necesitaba saber que ocurria, tenia que preguntarle, pero era mas fuerte el sabor de la carne, el fuego que en mi encendia. Ninguno de los dos pudimos articular palabra alguna mientras hubo carne, comiamos con educacion, pero con un hambre que parecia insaciable, cuando apuramos los platos nos miramos, una mirada de satisfaccion recorria su expresion y por primera vez en mi vida, le sonrei.
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